Llegó la hora de volver a casa. El día en el trabajo se me había hecho especialmente largo, en parte porque hubo poco movimiento y fundamentalmente porque la noche anterior me desvelé terminando de leer un cuento de Edgar Allan Poe. Todo el día había estado pensando en ese cuento y sentía una extraña mezcla de somnolencia con la presencia de sus personajes. Ya se había terminado el día laboral y sólo me restaba caminar hasta la parada del colectivo, a unas siete cuadras, y llegar a casa para comer algo, darme un baño y dormir hasta el otro día. Al salir me encontré con un día gris, neblinoso. Una fina llovizna otoñal humedecía las veredas. Pese a ser las 19 hs. el día se había oscurecido totalmente. En ese momento pensé que disfrutaría mucho más la llegada a mi casa. Al llegar a la parada noté que la luz del farol era tenue, casi inexistente. Mis deseos d...
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